Cuando crear te lleva días y copiar unos minutos
Publicas un artículo en el blog y, antes incluso de que llegue la primera visita, ya puedes encontrarte con publicaciones derivadas de lo que acabas de escribir. Y entonces surge una pregunta bastante incómoda: ¿dónde queda la justa recompensa al esfuerzo de quien ha creado el contenido original?
Porque escribir un artículo no consiste únicamente en juntar unas cuantas frases y pulsar el botón de publicar. Antes de eso hay que informarse, buscar documentación, consultar fuentes, contrastar datos, separar lo que es fiable de lo que no lo es, ordenar las ideas y finalmente redactar, revisar y corregir. Algunos artículos pueden llevarme horas. Otros, días. Pero una vez publicado, todo ese trabajo deja de ser visible. Lo único que se ve es el resultado final.
El trabajo que no se ve
Ahí es donde encuentro una de las mayores paradojas de publicar en Internet. Yo puedo haber empleado varios días en investigar un tema para publicar algo que considero interesante y, poco después, otra persona puede encontrarse con ese trabajo ya hecho y utilizarlo como punto de partida para elaborar su propia publicación en cuestión de minutos. La documentación ya está localizada. Los datos importantes ya han sido encontrados. Las cuestiones relevantes ya han sido planteadas. Incluso los posibles enfoques ya están encima de la mesa. Es decir, una parte importante del trabajo ya está hecha por otro.
Y sí, puede que la licencia lo permita. Pero aquí creo que hay una diferencia importante entre lo que una licencia permite hacer y lo que a mí me parece justo que se haga.
Legal no siempre significa justo
Durante un tiempo tuve una licencia de contenido más permisiva. Mi intención era facilitar que mis publicaciones pudieran compartirse y reutilizarse bajo determinadas condiciones. Pero con el tiempo he cambiado de opinión. No porque piense que nadie pueda escribir sobre los mismos temas que yo. Evidentemente, un tema no me pertenece y cualquier persona puede investigarlo, analizarlo y aportar su propio punto de vista. Lo que me molesta es otra cosa: que mi trabajo de investigación pueda convertirse prácticamente de inmediato en el trabajo previo de otra persona. Porque entonces se produce una situación curiosa: quien hace el trabajo más costoso no necesariamente es quien obtiene el mayor beneficio de ese trabajo.
Mi esfuerzo no debería ser el atajo de nadie
Por ese motivo he decidido cambiar la licencia de contenido del blog a “Todos los derechos reservados”. No pretendo cerrar el blog ni impedir que nadie lo lea, lo comparta o encuentre inspiración en lo que publico. Todo lo contrario. Si alguien encuentra aquí información útil, una idea que le hace pensar o un tema que le anima a investigar por su cuenta, me parece estupendo. Pero hay una diferencia entre inspirarse en un contenido y aprovechar directamente el trabajo que hay detrás de él.No quiero que mi esfuerzo se convierta automáticamente en materia prima para publicaciones ajenas.
Si alguien considera que uno de mis artículos le resulta especialmente útil y quiere reutilizar una parte sustancial de él, prefiero que me pregunte. Si puedo autorizarlo, lo haré. Y si no, explicaré los motivos.
Publicar en Internet no significa renunciar a tus derechos
A veces parece que, por el simple hecho de publicar algo en Internet, estamos aceptando que cualquiera pueda copiarlo, transformarlo y volver a publicarlo.
No lo veo así.
Internet es un medio de difusión extraordinario, pero eso no convierte automáticamente el trabajo de quien publica en un recurso sin dueño. Detrás de un artículo puede haber muchas horas que el lector nunca verá. Horas de búsqueda, lectura, comprobación, redacción y revisión. Y esas horas también forman parte del contenido, aunque no aparezcan escritas en ninguna línea.
Compartir sí, aprovecharse del trabajo ajeno no
Creo que hay espacio para ambas cosas.
Se puede compartir conocimiento, enlazar a otros autores, recomendar contenidos, debatir sus ideas y escribir sobre los mismos asuntos sin necesidad de apropiarse del trabajo ajeno. De hecho, considero que una buena manera de aportar a Internet es precisamente esa: leer, aprender, contrastar y después aportar algo propio.
Lo que no me parece tan razonable es que alguien pueda esperar a que otro haga la investigación, publique el resultado y, casi inmediatamente, aprovechar ese trabajo para generar su propio contenido con un esfuerzo muy inferior.
Por eso he cambiado de opinión
Quizá una licencia más permisiva facilite una mayor difusión de mis artículos. Es posible. Pero también he comprendido que no tengo ninguna obligación de poner gratuitamente mi trabajo a disposición de quien quiera reutilizarlo. He dedicado tiempo a crear este blog y quiero seguir haciéndolo. Por eso considero legítimo decidir qué se puede hacer con lo que publico y qué no.
No pretendo impedir que otros escriban. No pretendo ser el propietario de las ideas. No pretendo que nadie tenga que pedirme permiso para hablar de los mismos temas. Simplemente quiero que se respete mi trabajo. Porque al final hay algo que no debería perderse de vista: crear cuesta. Copiar, adaptar o aprovechar lo que otro ya ha creado suele costar muchísimo menos.
Si queremos seguir encontrando contenido original en Internet, quizá deberíamos empezar a valorar un poco más a quienes dedican su tiempo a crearlo. Espero que todo lo dicho sea entendido en su justa medida, a veces tienes que decidir y la realidad se impone
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