No somos un bug

Ignoro si esto será un error, porque mi blog es de tecnología, no de filosofía. Aun así, detrás de cada línea de código, de cada artículo y de cada proyecto hay personas. Y las personas nos equivocamos.

Lo que ocurre es que, cuando alguien comete un error, enseguida aparecen esos jueces que parecen no haberse mirado nunca los tobillos; los que señalan con una facilidad asombrosa, como si ellos nunca hubieran tropezado. Y eso no ocurre solo en la vida cotidiana. También sucede en el mundo de la tecnología.

¿Somos lo que hacemos?

Es una frase que se repite con frecuencia. Y tiene parte de verdad: nuestros actos hablan de nosotros, tienen consecuencias y afectan a quienes nos rodean. No somos responsables solo de nuestras intenciones, sino también de lo que hacemos con ellas. Pero creo que hay un matiz importante que a menudo olvidamos.

La persona debe estar por encima de sus circunstancias y también por encima de sus peores errores.

Reducir a alguien a un solo momento de su vida es negar que las personas cambian. Es asumir que un error tiene más peso que todo lo que vino antes y todo lo que puede venir después. Es confundir la identidad de una persona con uno de sus actos.

Todos nos equivocamos. De una forma u otra, todos hemos dicho algo que no debíamos, hemos tomado malas decisiones o hemos causado daño, incluso sin pretenderlo. La diferencia no está en quién se equivoca y quién no; la diferencia está en lo que hacemos cuando somos conscientes del error.

La rectificación

Rectificar no consiste en borrar el pasado ni en exigir que los demás olviden. Tampoco significa quedar libre de las consecuencias de lo que hemos hecho. Rectificar implica reconocer el daño, asumir la responsabilidad y tratar de actuar de otra manera.

Por eso creo que, además de una opción, la rectificación es un derecho. Una sociedad que no permite a las personas cambiar termina condenándolas a ser siempre la peor versión de sí mismas.

Eso no obliga a nadie a perdonar ni a recuperar la confianza. El perdón y la confianza pertenecen a quien ha sido herido y no pueden imponerse. Pero sí deberíamos ser capaces de distinguir entre juzgar un acto y condenar para siempre a una persona.

Quizá no somos solo lo que hacemos. Quizá también somos lo que aprendemos, lo que corregimos y el esfuerzo que hacemos por convertir nuestros errores en una oportunidad para ser mejores. Porque nadie debería quedar definido únicamente por el peor día de su vida.

Este post ha sido diferente, me creó serias dudas si deberia o no publicarlo en un blog se software y tecnologia. Sea como sea, ahi queda para vuestra crítica y reflexión. Espero que os guste.


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